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Independiente

El Rojo, a la final

Independiente salió a la cancha ante Libertad en el Libertadores de América obligado: obligado a ganar, y a hacerlo por dos goles de diferencia, obligado a jugar bien, obligado a clasificarse a la final de la Copa Sudamericana. Sin embargo, esa ansiedad provocada por el entorno, y por la ilusión misma de llegar a una nueva final internacional después de siete años, no se notó en los futbolistas del Rojo, que en los primeros minutos del partido jugaron como el auténtico Rey de Copas.

A pesar de los cinco en el fondo que paró el conjunto paraguayo, el Rojo tuvo paciencia para encontrar espacios y llegar así al primer tanto. En realidad, a la falta en el área sobre Fabricio Bustos que Ezequiel Barco, que tiene 18 años pero le pegó como un veterano, transformó en el primer gol del partido.

Dos minutos después, tras una gran jugada colectiva, Emmanuel Gigliotti se olvidaba de Boca y de aquella semifinal de la Sudamericana 2014 en la que no pudo convertir y empujaba la pelota para poner el segundo del partido y darle la clasificación al equipo de Holan. Independiente era puro disfrute y tranquilidad, aunque se estaba jugando nada menos que un lugar en la final de la Copa.

El gol de Libertad, que llegó por una distracción del Rojo, no logró sacar de su eje al conjunto argentino, que nuevamente tras una jugada colectiva llegaba al gol. Otra vez el Puma la empujaba, y todo era fiesta en Avellaneda.

En el segundo tiempo sufrió, es verdad, y por momentos tuvo que aguantar la presión de Libertad, pero el temple de Independiente le permitió celebrar, clasificarse a la 25ª final internacional de su historia y soñar, por qué no, con una nueva copa.

Foto: Club Independiente oficial; Texto: Goal.com